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Este es un espacio de la Asociación Maternidad y Crianza de Benicarló (Castellón) desde el que queremos compartir con todos vosotros nuestra visión de la crianza con apego.
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martes, 26 de marzo de 2013

Alba es el fruto de mi infertilidad


 Este relato lo ha compartido con nosotras Montserrat García Villar.
La verdad es que es un poco difícil hablar de este tema, la infertilidad, aunque hay un momento en que ya es tan común en tu vida como el comer o el dormir. Voy a intentar explicaros mi experiencia, porque estoy segura de que mujeres que se encuentren en mi misma situación se sentirán reflejadas en mí  y recibirán esta historia como si fuese la suya propia.
        Llega ese momento de la vida en que, después de estar casada o viviendo con una pareja durante unos años, la sociedad que nos envuelve empieza a presionarte con el tema de ser madre.  Seguro que alguna vez habréis escuchado esa maravillosa frase:” espabila que se te va a pasar el arroz”. Cuando yo escuché esa frase por primera vez ya llevaba seis años intentando ser madre, podéis imaginar cómo  te sienta que te digan eso cuando ya has pasado por tus primeras experiencias en el mundo de la infertilidad, y lo que menos te apetece es dar explicaciones, ya que piensas que eres un bicho raro y que eso sólo te pasa a ti. Pues no, el índice de infertilidad es preocupantemente elevado en estos momentos.
Podríamos dividir esta circunstancia en diferentes etapas, la primera sería el rechazo: “esto no me puede pasar a mí, ¿por qué yo no puedo y hay niñas de quince años que se quedan sin querer?, será culpa de él”,…..  En esta etapa empiezas a plantearte que has de visitar a un  médico, pero no se lo vas a decir a nadie porque seguro que será una tontería y en pocos meses estás en estado. Cuando te das cuenta llevas ya medio año tomándote la temperatura por las noches, el método de la temperatura basal que consiste en recoger en tablas la temperatura corporal a lo largo del ciclo menstrual. De este modo se advierte el pico de temperatura producido por la ovulación. El periodo fértil abarca unos días antes y después de dicha ovulación, por lo que son esos días los que has de aprovechar para mantener relaciones sexuales.  Al principio lo coges con muchas ganas, pero a medida que pasan los meses, porque eso va acompañado de su predictor mensual, si te retrasas unos días o si tienes síntomas de embarazo y del consecuente disgusto cuando es negativo, llega un momento en que los días que has de practicar sexo son los días que menos te apetece. Llega un día en el que tiras la toalla, escondes el termómetro y decides ir  a otro médico. Es ahí cuando empieza una vida paralela a la que  llevas,  ya que prefieres que nadie se entere hasta que estés en estado: visitas al médico, las primeras pruebas, aunque con nombres difíciles de pronunciar “seminogramas y espiro salpingografía”, te meten de pleno en el viaje a la concepción, viaje lleno de socavones, algunos de ellos difíciles de esquivar. La primera prueba es para ver qué tal está la movilidad del esperma, y la segunda es para comprobar la permeabilidad de las trompas, te ponen en un potro, te atan las piernas y te meten un contraste. De las dos pruebas salimos con un aprobado. Entonces te recomiendan empezar con una inseminación.
Empezamos lo que llamaríamos segunda etapa. Empiezan a serte familiares las nomenclaturas de algunos fármacos, y aprendes a distinguir entre inseminación, fecundación in vitro, icsy. La primera, inseminación artificial o fecundación asistida, es el método de reproducción en el que el esperma es depositado en la mujer o hembra mediante instrumental especializado y utilizando técnicas que reemplazan a la copulación, ya sea en óvulos (intrafolicular), en el útero, en el cérvix o en las trompas de Falopio. Este tratamiento conlleva una medicación previa para estimular tus ovarios, con las consecuentes visitas al médico para que te haga el control de folículos, y por último la extracción y estimulación de esperma. Que si te sucede igual que a mí este último paso sólo podían hacerlo en el Hospital General de Castellón, por lo que una vez el esperma capacitado nosotros mismos lo transportábamos al Hospital de la Plana. Realmente vejatorio. Encima cuando te dan la probeta te dicen que la pongas entre los pechos ya que es una de las zonas de mayor temperatura del cuerpo. La sanidad pública no ayuda mucho en estos casos. En mi caso fueron tres inseminaciones, y ningún resultado positivo. Recuerdo que cada vez que iba en mi mente aparecía la inseminación de una vaca que vi una vez por televisión, sinceramente era la misma sensación, te meten una cánula larga llena de esperma. Cuando este método no funciona el próximo es la fecundación in vitro, que es una técnica por la cual la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la madre. La FIV es el principal tratamiento para la infertilidad cuando otros métodos de reproducción asistida no han tenido éxito. El proceso implica el control hormonal del proceso ovulatorio, extrayendo los ovocitos de los ovarios , para permitir que sean fecundados por los espermatozoides en un medio líquido. El ovocito fecundado se transfiere entonces al útero. Este tratamiento implica medicación diaria durante los días de ovulación, inyecciones todos los días y las visitas de rigor para los controles de óvulos y hormonas,  y dos visitas al quirófano, una con anestesia total, en la extracción de ovocitos, y otro sin anestesia, en la transferencia. Esto quiere decir pedir días en el trabajo para ir a Valencia ya que el hospital que lo hace en la Comunidad Valenciana es la Fe de Valencia, a no ser que lo hagas por lo privado a lo que le incluimos la presión psicológica de saber que te estás gastando unos 3000€ sin saber si vas a quedar en estado o no. Todo sería más fácil si en la Seguridad Social te tratasen como personas; pero para ellos es un trabajo, una rutina, y no se dan cuenta de que cada uno de los que llegamos ahí tenemos una historia y unas ilusiones puestas en ese tratamiento, la ilusión de ser padres. Si algún familiar de esas personas que trabajan sacando sangre para las analíticas, haciendo ecografías o dando resultados, muchos de ellos negativos, se encontrase en esa situación empezarían a tratarnos como personas, personas con sentimientos que no saben a lo que van, que no saben de medicina y que ya es bastante difícil estar ahí como para encontrar a personas que te ignoran sólo porque para ellos es su trabajo. Siento mucho ser un poco dura en este aspecto pero la Seguridad Social no está preparada para la afluencia de gente que hoy en día tiene este problema, por poner un ejemplo, en un hospital en el que hace más de 20 años que se dedica a este tratamiento no hay ni una sala de extracción de esperma, los hombres han de ir al bar de enfrente o utilizar los servicios del hospital. Parece gracioso, pero si esto lo unimos a una carga psicológica muy grande no es tan gracioso, es penoso.
El resultado fueron tres inseminaciones, una en la que no llegamos a la transferencia, por lo que no cuenta para la Seguridad Social. Aún nos quedaba una última oportunidad. Pero entonces ya nos encontrábamos en la última etapa de este proceso, las cosas no señalaban que fuese mejor que las anteriores y empiezas a pensar en la adopción, en que a lo mejor no te quedas porque no has de quedarte, mejor no insistir, para qué vamos a contradecir al destino, si éste ha decidido que no debemos ser padres,….. y de estos pensamientos, mil.
Recuerdo que me llegó la carta para la in vitro y la dejé encima de la mesa. Esta vez no me sentía con el suficiente ánimo para volver a emprender un tratamiento así, y los papeles se quedaron a la espera de rellenarlos durante unos días. No recordaba ni cuándo había sido mi última regla, empecé a pensar, y en el trabajo todas mis compañeras ya habían tenido la regla este mes, y sin embargo yo no recordaba haberla tenido. Sin comentar nada a nadie, me hice una analítica de sangre para ver si estaba en estado, no dije nada porque estaba segura de que iba a ser negativo el resultado, incluso mi marido estaba de viaje de negocios en Mallorca. La misma chica que tantas veces había puesto cara de circunstancia para decirme que el resultado era negativo esta vez no me dejó casi ni entrar: estaba embarazada de ocho semanas, pero no me atrevía a decírselo a nadie por si  algo fuese mal, ni yo misma podía asimilar esa noticia. Mi marido volvió de viaje y  después de cenar y de que me explicase cómo había ido todo, le di la analítica con tal tranquilidad que pensó que era una  broma. Cuando se dio cuenta de la noticia saltó, llamó a su madre y yo seguía de espectadora, de hecho hasta que no le vi la cara a mi hija no creí estar en estado. Ni cuando escuché por primera vez su latido, ni en las ecografías, ni cuando se movía dentro de mí quise creer que estaba embarazada, quizás por miedo a perderla.
Seguro que no os lo podéis creer pero es así, tienes tanto miedo a lo que pueda pasar que no quieres ilusionarte otra vez para nada. Pero todo fue de maravilla y ahora tengo una niña preciosa.
La primera vez que me sentí realmente madre fue cuando me pusieron a Alba encima aún con sangre y ella se cogió entre sollozos al pecho.
Todo en la vida llega y sólo hay que tener paciencia. Sólo quería contaros mi historia porque sé que hay mucha gente que hoy está pasando por lo mismo. No perdáis nunca la esperanza, que llega cuando menos te lo esperas.
Después de 12 años este es el resultado…….




1 comentario:

  1. Cómo entiendo algunos de tus sentimientos! Me has emocionado. Enhorabuena por esa aventura. Un besito, Yolanda http://www.mamagolondrina.com/2012/12/por-fin-me-desnudo-el-ultimo-dia-del-ano.html

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