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Este es un espacio de la Asociación Maternidad y Crianza de Benicarló (Castellón) desde el que queremos compartir con todos vosotros nuestra visión de la crianza con apego.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Lactancia, nutrición y calzado en las VII Jornadas de Lactancia de Maternidad y Crianza en Peñíscola

El podólogo Carlos Blasco habló de los mitos y verdades
en el calzado y crecimiento de los niños
La asociación Maternidad y Crianza de Benicarló celebró el pasado sábado 26 de octubre en Peñíscola la séptima edición de las jornadas de lactancia y crianza de Peñíscola. La cita contó nuevamente con el respaldo de la Concejalía de Bienestar Social del Ayuntamiento de Peñíscola.
Las jornadas arrancaron con una interesante conferencia a cargo del podólogo Carlos Blasco quien abordó algunas de las cuestiones más destacadas que las madres y padres se plantean cuando tienen un  hijo. De este modo, Blasco clarificó falsos mitos y diagnósticos, además de aconsejar el calzado idóneo para cada etapa de crecimiento.

La cita se aprovechó para presentar la iniciativa de las madrinas
de lactancia
La cita continuó con la presentación de las madrinas de lactancia, una iniciativa en la que diversas madres voluntarias acompañará en este conocimiento de la lactancia materna a la embarazada que así lo hayan solicitado, logrando de esta forma que cuando nazca el bebé, la reciente madre tenga ya un conocimiento directo de la lactancia, y haya adquirido plena confianza en su capacidad para amamantar.

La mañana culminó con una mesa redonda donde se trató la lactancia y la relación de las madres y los profesionales sanitarios. La mesa contó con la participación de ambas partes y permitió debatir en torno a situaciones reales desde ambas perspectivas.
La mesa redonda contó con las opiniones de madres y profesionales sanitarias en torno a la lactancia

Ya por la tarde llegó el plato fuerte de las jornadas con la conferencia del pediatra Carlos González que llevaba por título “Mi niño no me come”, donde huyendo de los tópicos sobre el tema, el fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia, proporcionó claras pautas de conducta, tranquilizando a aquellas madres que sufren porque creen que su hijo no come correctamente.
El pediatra Carlos González aportó al infomración necesaria para conseguir seguir las pautas
de una buena nutrición 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Las madres estamos solas

Tal vez tengamos mucha gente a nuestro alrededor o tal vez no. Quizás tengamos pareja o quizás no. Puede que tengamos hermanas, primas y amigas o puede que no. Pero, sea como sea, cuando nos encontramos con nuestro bebé, el primero, el segundo, el tercero... ¡qué más da!, de repente nos damos cuenta de que estamos solas con nuestras decisiones. Solas con lo poco que sabemos de bebés, niños y niñas, solas con lo que intuimos, con lo que nos contaron, con lo que nos parece cierto y lo que nos parece mentira. Solas con lo que nos aconseja nuestra madre, que poco o nada tiene que ver con lo que nos explica nuestra suegra, que apenas se acerca a lo que recomiendan pediatras, enfermeros, pedagogos con título o de los de salón. La lactancia, cómo y dónde duerme el bebé, cogerle en brazos, cómo llevarle... todo es un posible debate en el que nosotras, las madres, debemos callar, escuchar y aprender.
Emociones posparto
Y es que, al convertirnos en madres, nos damos cuenta de todo aquello que desconocemos. De todo aquello que deberíamos saber y no tenemos forma de aprender y que haremos sobre la marcha, sin mucha información, o sin ninguna, tirando de ideas preconcebidas o de opiniones ajenas. Nuestra voz, nuestro instinto, está dormido. Porque casi ninguna madre cuenta a otras madres que está sola y perdida, que nos equivocamos cien veces cada día y que nos arrepentimos ciento una... casi todas nos ponemos una máscara de normalidad y decimos "todo va bien". Y entonces, al hecho de estar perdidas y sin saber qué hacer, se suma el hecho de sentirnos raras, si a todas les "va bien" a mí me pasa algo, pero también callamos. Una especie de pacto secreto que nos hace guardar silencio y no contar los sinsabores, altibajos, decepciones, encontronazos que también tiene el ser madre y que no eliminan lo bueno, pero existen.
Por eso, las mujeres y madres tenemos que re-organizarnos y volver a conectarnos unas con otras sin máscaras ni medias verdades. Volver a sentarnos juntas, mirarnos a los ojos y compartir espacios y tiempos. Lentamente y sin prisas, espacios y tiempos tan puérperos como nosotras mismas, donde no haya que ser otra ni hacer caso a consejos, sólo un lugar para desnudarse, callarse, mostrarse y sólo ser nosotras y nuestros bebés. Grupos de apoyo a la lactancia, a la crianza, redes de mujeres... los llamemos como los llamemos, son hoy más necesarios que nunca, porque nos devuelven, como un eco, nuestras propias preguntas con sus respuestas.

Texto de Nuria Otero Tomera de la web: www.todomaternidad.com

La Asociación Maternidad y Crianza dispone de un grupo de crianza que se reune los martes por la tarde a partir de las 17.30h en el aula 6 del Casal Municipal de Benicarló.

martes, 23 de julio de 2013

Mis hijas NO van al colegio




¿Están locos? ¿Cómo van a tener a sus hijos encerrados en casa todo el día?, desde luego que no están preparados para educarles ellos, y ¿cómo van a socializar o aprender a convivir con otros niños? No pueden vivir en una burbuja, los niños les van a salir muy mal cuando sean mayores.

Estos comentarios y otros semejantes son los que hace más de nueve años le hacía yo a mi marido al respecto de una familia amiga que decidió no mandar a sus hijos al colegio y educarlos en casa practicando la opción conocida en muchos países como "homeschooling". Tres años después de los comentarios mencionados y antes de quedar embarazada por primera vez, éramos nosotros, Steve y yo, quienes decidiríamos pasar a formar parte de ese grupo de locos que contra corriente no llevarían a sus hijos a la guardería ni al colegio. En la actualidad estoy escribiendo un  libro sobre esta opción educativa no convencional pero que siempre se ha practicado y que está cobrando fuerza en España y otros países. Si Dios me da vida, en otros nueve años más no sé si me encontraré preparando otro libro de cómo enseñar, aprender y vivir al margen del sistema escolar con adolescentes, o de cómo cambiarte el nombre  y vivir en el anonimato para que no te reconozcan otros que educan en casa y te destierren y critiquen por el hecho de haber apuntado a las niñas a algún colegio.
Antes de continuar con este artículo me gustaría agradecer a Mari Carmen la invitación a escribir para este blogMaternidad yCrianza y darme una oportunidad de divulgar e informar sobre la educación en casa o en familia. Cuando me decía que el blog no tendría la misma audiencia que un programa que salió hace poco en un canal de TV española, le respondía que mejor. No me interesa la cantidad de gente que pueda verme, escucharme o leerme, sino la calidad y propiedad de lo que se expone y cómo se debate o comenta. Y si bien los medios de comunicación pueden catapultar una idea o alguien al éxito o al más profundo odio público, es mediante publicaciones locales, iniciativas pequeñas pero con personas con gran talento y aspiraciones, gracias a una amiga, un grupo, un libro, un artículo, una conversación, que vamos aprendiendo y abriendo nuestros horizontes sobre los temas infinitos que nos interesan a los humanos y a los que siempre buscamos dar respuesta. 

De vuelta al artículo diré que no pretendo convencer a nadie de que no escolarizar a sus hijos es la mejor opción del "mundo mundial" (como dicen los niños), ni tampoco pretendo demonizar o ridiculizar el sistema escolar porque para empezar yo misma fui a colegio, instituto y universidad, he ejercido y aún me considero profesora (maestra), y si bien hay muchos problemas y puntos cuestionables del sistema educativo en todos los países, y a pesar de que siempre digamos que cualquier tiempo pasado fue mejor (o que las escuelas de ahora no son ni una sombra de las de antaño), sé que hay muchos estudiantes en colegios, escuelas y centros que están formándose y aprendiendo con dignidad y solidez. De igual forma entre los que educan en casa siempre hay para quienes esta opción es el subterfugio  y la excusa perfecta para maquinar sus mezquindades y robarle al niño su derecho a la educación y a la felicidad.
Entonces, ¿qué es esto de no llevar a los niños al colegio? ¿Acaso pueden los pequeños y jóvenes crecer integrados, aprender a relacionarse, progresar académicamente, ser responsables y todo lo que aspiramos y deseamos para nuestros hijos sin pisar un colegio?

Para contestar, un poco de historia. Los colegios públicos de asistencia obligatoria promovidos gratuitamente por el estado son de origen relativamente reciente, aun así, para las dos o tres generaciones más recientes son con lo que han crecido y parece que hayan existido durante siglos. Antes de los colegios es posible que en su mayoría hubiera niños que no iban a clase, que no aprendían como definimos hoy en día la idea de aprender, niñas que se quedaban en casa haciendo las labores del hogar, hijos de familias pobres que nacían poco más que predestinados a continuar un trabajo mal pagado y duro, y unos cuantos privilegiados que tenían acceso a la preciada educación y con ella a los puestos de poder tanto política como económicamente. Incluso esos privilegiados no asistían necesariamente al colegio, eran tan acaudalados que se podían permitir tutores privados para los varones que así se asegurarían la pervivencia de unos valores, de una casta social, de un grupo al mando. Sería absurdo negar que la llegada de la educación pública y obligatoria no aportara diversos beneficios a la población de muchos países. Por poner un ejemplo, mi madre no terminó estudios básicos, ni mi padre el llamado instituto.  En mi familia mi hermana y yo completamos los estudios universitarios, mi hermano no, y a pesar de ello es quien gana mejor salario de los tres y ha viajado a más lugares con su trabajo. Me estoy desviando un poco, volviendo al meollo de qué es la educación y si se puede equiparar a la escolarización como muchos hacen, diré que la instauración de los colegios abrió las puertas a más gente de la que antes disfrutaba de la posibilidades a acceder a colegios y universidades y obtener títulos que les permitieran mejorar en la llamada escala social. De hecho se extendió tanto la educación vista como servicio provisto por los colegios que con las ventajas ha generado a su vez una mentalidad un tanto reduccionista que alega que los colegios son necesarios, primordiales para la educación de los niños y jóvenes, y que no hay forma de prescindir de ellos y “salir bien preparado” emocional e intelectualmente. En el pasado claro que había educación, lo que no estaba tan extendido era la escolarización. En el presente la educación vuelve a ser reivindicada en situaciones no exclusivas de los que proveen de escolarización. Lo que en su tiempo pudo ser una situación no ventajosa, la de tener que permanecer en casa y aprender lo poco o mucho posible en ella,  hoy se ha convertido en una opción viable y deseada por muchas familias que pueden brindar los beneficios de la escolarización y socialización a sus hijos sin necesidad de abandonar la casa cada mañana para asistir a un centro.
La idea de mantener a los hijos en casa aparece ante un sector muy amplio de la población como retrógrada, sectaria, sospechosa. Pareciera que el hecho de no llevarlos al colegio implicara negligencia o renuncia a adquirir una educación completa y equilibrada. Pero pensemos un poco. Primeramente pongamos la vista en los colegios. Si bien no pretendo demonizarlos como digo, seamos honestos. ¿Es cierto que los niños y jóvenes no tienen problemas en los colegios? ¿De verdad aprenden a convivir armoniosamente con sus compañeros? No podemos negar que la socialización es a veces mucho más precaria de lo que quisiéramos. El acoso escolar, los problemas emocionales y de conducta que existen nos indican simplemente que como sociedad todas nuestras estructuras son falibles, que los estudiantes y profesores, como grupo que vive en un contexto social y en un momento histórico, afrontan problemas como los que acosan cualquier otro frente como el trabajo, la familia, etc. Lo mismo se aplica al rendimiento académico. No todos los estudiantes se gradúan, completan los estudios, llegan preparados a la universidad. Y ahora miremos a los que educan en casa. Educar en la casa no quiere decir encerrarnos en el sótano y dormir de día como vampiros. Educar en casa no quiere decir prohibir a nuestros hijos las visitas de amigos, vestirlos diferente, darles de comer un mendrugo de pan o indoctrinarles para que tengan un credo o una afiliación política. No es llevárnoslos a una comuna donde van a vivir con un loco a cargo que los va a trastornar o incitarlos al suicidio colectivo. Educar en la casa no implica que la madre o el padre tengan que apuntarse a la universidad a distancia y sacar títulos en todas las materias para estar preparados. Educar en casa es simplemente aprender sin hacer acto presencial en un colegio.
Todas las madres y padres a lo largo de la historia han enseñado a leer a sus hijos en casa, aritmética, los oficios pasaban de padres a hijos, las niñas aprendían destrezas muy sofisticadas y muchas mujeres educaron así a sus hijas e hijos varones hasta que llegada una mayor edad continuaban con otros profesores o acudían a algún colegio o universidad. Hoy en día muchos padres ven cómo es posible proveer de las mismas ventajas del colegio en la casa, e incluso de ventajas adicionales para las que el colegio se les queda corto, es insuficiente, no les ha funcionado, prefieren no hacer uso de él. Cuando me encuentro con alguien que no está de acuerdo con esta opción me doy cuenta que en muchos casos tienen una idea en la cabeza y no han visto ni convivido con ninguna persona que no tenga a los hijos en el colegio. Se oponen intelectualmente pero no miran a los niños mismos o a los padres mismos, levantan este escudo o barrera argumental sin empíricamente darse la posibilidad de ver con sus propios ojos a las familias que componen este grupo. Otras personas no están de acuerdo con la mentalidad de los padres, y achacan estas diferencias de opinión sobre la crianza, los valores morales, las opciones de nutrición y salud,etc, y lo meten todo en el mismo saco y lo achacan al hecho de que como no llevan a los niños al colegio están criándolos mal. Es una total fantasía el pensar que por meterlos en un colegio los profesores van a conseguir que los niños adquieran unos valores y una conducta más en sintonía con lo que estos detractores tienen en mente que se acerca a su individuo “ideal”. En mis años de colegio me he encontrado a familias con unos esquemas familiares nada convencionales y en mi grupo de familias que educan en casa hay por el contrario familias bastante similares a las que optan por la escuela. Así que, como dirían nuestras abuelas, en los colegios y fuera de ellos hay de todo, como en botica.
En la actualidad un gran número de padres que educamos en casa formamos parte de grupos, estamos en contacto con otras familias que educan en casa o que no, hacemos diversas excursiones, salimos a la compra, al parque, hablamos con familiares, amigos y vecinos, apuntamos a nuestros hijos a música, idiomas, deportes, nos juntamos en casas de otros para convivir, recibimos visitas, vamos a una iglesia, a clubs, a grupos que practican tal o cual pasatiempo. Y en la semana vamos a la biblioteca, leemos con los hijos, dibujamos, cocinamos, hacemos cuentas con ellos, les ponemos problemas, aprendemos sobre mil y una cosas para enseñarles o motivarles, hacemos experimentos con ellos, buscamos otras personas, tutores, lugares donde puedan continuar o desempeñar sus talentos y sus inquietudes. Empezamos a integrar el aprendizaje con la vida de la misma manera que hacen en colegios prestigiosos por todo el mundo. Desde el “homeschooler” más estricto hasta el “unschooler”, lo que sí tengo presente es que todos los padres que prescinden del colegio sienten una responsabilidad muy fuerte y muy seria de fomentar el aprendizaje en sus hijos, de brindarles las mejores oportunidades, de caminar esta senda con ellos de manera personal, comprometida y en muchos casos pública para que otros se inspiren, juzguen, analicen y sepan que SÍ, se puede educar y aprender fuera del aula al igual que mucho de lo que aprenden los niños que van al colegio ocurre en la vida, en familia, en todo lugar. Igual que los niños cuando la campana toca el final del día, siguen socializando. Se puede prescindir de las horas de colegio sin menoscabo en el desarrollo emocional o intelectual. De hecho más y más familias lo hacen contra corriente, a pesar de las dificultades que enfrentan, afrontando denuncias, desprecio, críticas ponzoñosas sin fundamento, acusaciones de locura cuando esto es simplemente una opción que ha existido, existe y existirá, no importa cuánto voceen algunos.
En artículos consiguientes seguiré aportando mis experiencias y reflexiones sobre esta opción, y espero con ello acercar al lector al mundo de la educación en familia para dar a conocer otros ángulos y aspectos de esta alternativa educativa.

Texto compartido por Silvia Morales-Cachia

domingo, 12 de mayo de 2013

La alimentación infantil



Afluencia más que destacada en la primera de las charlas organizadas por la asociación Maternidad y Crianza de Benicarló el pasado sábado 27 de abril en el MUCBE. La conferencia, a cargo de la pediatra Lupe Palau, sirvió para despejar dudas sobre la alimentación del bebé en el primer año de vida, una etapa clave para conseguir un crecimiento y desarrollo adecuados.

La pediatra Lupe Palau explicó los pasos para alimentar a los niños de forma saludable
Lupe Palau explicó en su intervención que el primer año es el periodo de crecimiento y desarrollo más rápido en la vida del niño, pero también es el momento en el que “es más inmaduro y vulnerable”. Por ello, es especialmente importante “asegurarle una alimentación suficiente y adecuada, con el triple objetivo de satisfacer sus necesidades nutritivas, mantener el estado de salud y prevenir estados de deficiencia y enfermedades crónicas, además de empezar a crear unos buenos hábitos alimentarios”.
La pediatra incidió en que hasta los 6 meses la leche materna es el alimento más adecuado y  plenamente suficiente para nutrir al bebé. Además, el bebé que es amamantado según su demanda no necesita tomar ningún otro líquido ni agua (salvo en caso de fiebre alta o diarrea intensa),  ni zumos,  ni infusiones, ni tan siquiera en épocas de calor. La leche materna aporta cantidades equilibradas de agua y solutos en cualquier condición climática. En el caso de que no se disponga de leche materna extraída, es preferible adelantar la alimentación complementaria a los 4 meses que dar fórmula artificial, procurando aumentar las tomas de pecho cuando la mamá y el bebé estén juntos.

La introducción de los alimentos fue otro de los aspectos que se tocaron a lo largo de la charla. En este sentido, las primeras comidas con alimentos distintos a la leche materna o artificial deben considerarse como la introducción a un nuevo modo de comer y no como un sustituto de la leche, ya que “la mayoría de alimentos complementarios son de una calidad nutricional inferior a la leche materna. Se introducen para complementar la lactancia materna, no para desplazarla”.
Ya con 6 meses cumplidos se le ofrecerán diariamente y en pequeñas cantidades alimentos ricos en hierro (carne, legumbres… y más adelante pescado y huevo).
 
Afluencia de público en la conferencia
Los últimos estudios recomiendan introducir el gluten en pequeñas cantidades alrededor de los 6 meses (nunca antes de los 4, ni tampoco más allá de los 7 meses) y a ser posible, mientras el bebé sigue tomando pecho. La introducción gradual del gluten mientras el niño aún sigue tomando pecho, parece que puede prevenir la aparición de la celiaquía, la alergia al gluten y la diabetes infantil. En cambio, el riesgo de enfermedad celiaca aumenta en los niños que no están tomando lactancia materna en el periodo de introducción del gluten, especialmente si se introduce de forma temprana o en grandes cantidades. 
         A partir del año, el niño que toma pecho puede  (si lo desea) tomar yogures, derivados lácteos y leche de vaca entera. Al bebé que deja de mamar antes del año se le dará fórmula adaptada hasta que el pediatra nos lo indique. 
La introducción de nuevos alimentos será más sencilla si se ofrecen de forma calmada y positiva, se reconocen y respetan las señales de hambre y saciedad del bebé, ofreciéndole alimentos cuando manifiesta interés, y sin insistir si sus gestos son de rechazo o saciedad, y si se admite que el rechazo a alimentos nuevos es normal, aunque suele ser temporal.

Alimentación a partir del primer año
La doctora Añó explicó que a partir del año de edad, la dieta del niño o niña se va ampliando de forma progresiva, de manera que durante el segundo año se vaya igualando a la del resto de su familia. 
En lugar de dar la comida triturada se pueden utilizar alimentos blandos, que el niño o niña pueda coger con los dedos, como guisantes, garbanzos, queso fresco, trocitos de carne, plátano maduro, etc. O bien otros aplastados con el tenedor. Así pues, conviene dejarle explorar la comida con las manos y la boca, y también que usen solos la cuchara y el tenedor, aunque lo haga torpemente.
La dieta será lo mas variada posible, al igual que la del resto de la familia. Se suele recomendar hacer tres comidas principales junto con varios tentempiés.
A esta edad la cantidad de leche necesaria es de 300-500 ml al día (o su equivalente en derivados). El niño o niña que es alimentado con lactancia materna, no necesita tomar ningún otro tipo de leche, pero no hay ningún inconveniente en que tome leche o sus derivados si lo desea.
A partir de los 18-24 meses disminuye notablemente la necesidad de energía para el crecimiento y dejan de tener mucho apetito. Las porciones deben ser adecuadas a la edad del niño o de la niña.
Es aconsejable desconectar la televisión durante las horas de comer y aprovechar para charlar con el niño o niña y con el resto de la familia. La TV atrapa la atención de niños y niñas y dificulta que aprendan a comer por sí solos. Por otra parte, cuando se come con la vista puesta en la TV, se suele comer más cantidad de la necesaria.
El apetito de los niños y niñas varía no sólo con el ritmo de crecimiento y la actividad física, sino también con factores como cansancio, frustración, enfermedades menores, miedo y contexto social. Así pues, se ha observado y demostrado que los niños y niñas pequeños consumen cantidades adecuadas de nutrientes y energía si se asegura su acceso a una amplia variedad de alimentos de todos los grupos, evitando aquellos excesivamente dulces, salados o condimentados.